Un Domingo de Ramos… con viento del Espíritu (¡y algo más!)

El pasado domingo celebramos el Domingo de Ramos con la alegría y solemnidad propias del inicio de la Semana Santa… aunque este año hubo un “invitado especial”: ¡el viento!

A las 11:30 h, nos reunimos en el colegio de la Inmaculada para la bendición de los ramos. El aire soplaba con fuerza, poniendo a prueba tanto nuestros peinados como nuestra firmeza espiritual. Pero, como suele pasar en las cosas de Dios, lo importante no era la comodidad, sino la fe: y la celebración pudo realizarse con recogimiento y alegría.

Después comenzó la procesión de palmas y ramos hacia la parroquia. Fue un momento especialmente solemne… y también bastante “movido”. El viento parecía querer unirse a la procesión con entusiasmo, empujándonos con energía —especialmente a nuestro párroco, cuya capa pluvial vivió momentos de auténtico protagonismo litúrgico-aeronáutico—. Aun así, avanzamos juntos, como pueblo de Dios, acompañando al Señor en su entrada en Jerusalén.

Al llegar al templo, celebramos la Santa Misa, en la que se proclamó el Evangelio de la Pasión. La iglesia, completamente llena, reflejaba el deseo de toda la comunidad de comenzar esta semana grande mirando a Cristo, que entra humilde y decidido a dar la vida por nosotros.

Y como no podía ser de otra manera, la jornada continuó con un momento más familiar: cada comunidad se reunió para comer y compartir el día juntos, prolongando la alegría de sabernos Iglesia, también alrededor de la mesa.

Un Domingo de Ramos que, entre ráfagas de viento y momentos de gracia, nos recordó que seguir a Cristo no siempre es cómodo… pero siempre merece la pena.