{"id":2707,"date":"2019-04-18T19:34:54","date_gmt":"2019-04-18T17:34:54","guid":{"rendered":"https:\/\/smporres.archimadrid.es\/?p=2707"},"modified":"2019-08-13T01:29:20","modified_gmt":"2019-08-12T23:29:20","slug":"jueves-santo-el-lavatorio-de-los-pies","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/smporres.archimadrid.es\/?p=2707","title":{"rendered":"Jueves Santo: el lavatorio de los pies"},"content":{"rendered":"\n<p>En este d\u00eda, en que celebramos la Instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda y del sacerdocio, vemos a Jes\u00fas que hace un gesto extra\u00f1o ante sus disc\u00edpulos. Os transcribo una reflexi\u00f3n del Papa Benedicto XVI, cuando todavia era Cardenal, para que podamos entender la profundidad de este signo del Se\u00f1or:<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El lavatorio de los pies. <\/h3>\n\n\n\n<p>En esta meditaci\u00f3n quisiera interpretar un aspecto de la visi\u00f3n del misterio pascual que\u00a0 hallamos en el Evangelio de Juan. Muchos exegetas actuales se hallan de acuerdo en que el Evangelio de Juan se divide en\u00a0 dos partes:<\/p>\n\n\n\n<p>a) un libro de los signos: c.2-12;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>b) un libro de la gloria: c.13-21.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta distribuci\u00f3n, sin duda, se acent\u00faa con fuerza el misterio de los tres d\u00edas, el&nbsp; misterio pascual. Los signos anuncian e interpretan anticipadamente la realidad de estos&nbsp; d\u00edas, cuyo contenido principal se indica con la palabra \u00abgloria\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>1. En esta estructura, el cap\u00edtulo 13 tiene una importancia particular. La primera parte del&nbsp; mismo expone, a trav\u00e9s del gesto simb\u00f3lico del lavatorio de los pies, el significado de la vida&nbsp; y de la muerte de Jes\u00fas. En esta visi\u00f3n desaparece la frontera entre la vida y la muerte del&nbsp; Se\u00f1or, las cuales se presentan como un acto \u00fanico, en el que Jes\u00fas, el Hijo, lava los pies&nbsp; sucios del hombre. El Se\u00f1or acepta y realiza el servicio del esclavo, lleva a cabo el trabajo&nbsp; m\u00e1s humilde, el m\u00e1s bajo quehacer del mundo, a fin de hacernos dignos de sentarnos a la&nbsp; mesa, de abrirnos a la comunicaci\u00f3n entre nosotros y con Dios, para habituarnos al culto, a&nbsp; la familiaridad con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El lavatorio de los pies representa para Juan aquello que constituye el sentido de la vida&nbsp; entera de Jes\u00fas: el levantarse de la mesa, el despojarse de las vestiduras de gloria, el&nbsp; inclinarse hacia nosotros en el misterio del perd\u00f3n, el servicio de la vida y de la muerte&nbsp; humanas. La vida y la muerte de Jes\u00fas no est\u00e1n la una al lado de la otra; \u00fanicamente en la&nbsp; muerte de Jes\u00fas se manifiesta la sustancia y el verdadero contenido de su vida. Vida y&nbsp; muerte se hacen transparentes y revelan el acto de amor que llega hasta el extremo, un&nbsp; amor infinito, que es el \u00fanico lavatorio verdadero del hombre, el \u00fanico lavatorio capaz de&nbsp; prepararle para la comuni\u00f3n con Dios, es decir, capaz de hacerle libre. El contenido del&nbsp; relato del lavatorio de los pies puede, por tanto, resumirse del modo siguiente:&nbsp; compenetrarse, incluso por el camino del sufrimiento, con el acto divino-humano del amor,&nbsp; que por su misma esencia es purificaci\u00f3n, es decir, liberaci\u00f3n del hombre. Esta visi\u00f3n que nos ofrece San Juan contiene, adem\u00e1s, algunos aspectos&nbsp; complementarios:<\/p>\n\n\n\n<p>a) Si las cosas son as\u00ed, la \u00fanica condici\u00f3n de la salvaci\u00f3n es el \u00abs\u00ed\u00bb al amor de Dios, que&nbsp; se hace posible en Jes\u00fas. Esta afirmaci\u00f3n no expresa en modo alguno una idea de&nbsp; apokat\u00e1stasis general, que caer\u00eda en el error de hacer de Dios una especie de mago y&nbsp; que destruir\u00eda la responsabilidad y la dignidad del hombre. El hombre es capaz de rechazar&nbsp; el amor liberador; el Evangelio nos muestra dos tipos de un rechazo semejante. El primero&nbsp; es el de Judas. Judas representa al hombre que no quiere ser amado, al hombre que&nbsp; piensa s\u00f3lo en poseer, que vive \u00fanicamente para las cosas materiales. Por esta raz\u00f3n, San&nbsp; Pablo dice que la avaricia es idolatr\u00eda (Col 3,5), y Jes\u00fas nos ense\u00f1a que no es posible&nbsp; servir a dos se\u00f1ores. El servicio de Dios y el de las riquezas se excluyen entre s\u00ed; el camello&nbsp; no pasa por el hond\u00f3n de la aguja (Mc 10,25).<\/p>\n\n\n\n<p>b) Pero hay otro tipo de rechazo de Dios; adem\u00e1s del rechazo del materialista, se da&nbsp; tambi\u00e9n el del hombre religioso, representado aqu\u00ed por Pedro. Existe el peligro que San&nbsp; Pablo llam\u00f3 \u00abjuda\u00edsmo\u00bb y que es duramente criticado en las cartas paulinas; consiste este&nbsp; peligro en que el \u00abdevoto\u00bb no quiera aceptar la realidad, es decir, no quiera aceptar que&nbsp; tambi\u00e9n \u00e9l tiene necesidad del perd\u00f3n, que tambi\u00e9n sus pies est\u00e1n sucios. El peligro que&nbsp; corre el devoto consiste en pensar que no tiene necesidad alguna de la bondad de Dios, en&nbsp; no aceptar la gracia; es el riesgo a que se halla expuesto el hijo mayor en la par\u00e1bola del&nbsp; hijo pr\u00f3digo, el riesgo de los obreros de la primera hora (Mt 20,1-16), el peligro de aquellos&nbsp; que murmuran y sienten envidia porque Dios es bueno. Desde esta perspectiva, ser cristiano significa dejarse lavar los pies o, en otras palabras,&nbsp; creer.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Vemos as\u00ed que, a trav\u00e9s de la escena del lavatorio de los pies, el evangelista interpreta&nbsp; no s\u00f3lo la cristolog\u00eda y la soteriolog\u00eda, sino tambi\u00e9n la antropolog\u00eda cristiana. Para ilustrar esta afirmaci\u00f3n quisiera esbozar ahora tres puntos:<\/p>\n\n\n\n<p>a) Adem\u00e1s de la vida y de la muerte de Jes\u00fas, esta visi\u00f3n comprende tambi\u00e9n los&nbsp; sacramentos del bautismo y de la penitencia, que nos sumergen en las aguas del amor de&nbsp; Jes\u00fas: la vida y la muerte de Jes\u00fas, el bautismo y la penitencia, constituyen juntamente el&nbsp; lavatorio divino, que nos abre el camino de la libertad y nos permite acceder a la mesa de la&nbsp; vida.<\/p>\n\n\n\n<p>b) En esta escena se interpreta tambi\u00e9n el contenido espiritual del bautismo: el \u00abs\u00ed\u00bb&nbsp; constante al amor, la fe como acto central de la vida del esp\u00edritu. c) De estos dos puntos se desprende una eclesiolog\u00eda y una \u00e9tica cristianas. Aceptar el&nbsp; lavatorio de los pies significa tomar parte en la acci\u00f3n del Se\u00f1or, compartirla nosotros&nbsp; mismos, dejarnos identificar con este acto. Aceptar esta tarea quiere decir: continuar el&nbsp; lavatorio, lavar con Cristo los pies sucios del mundo. Jes\u00fas dice: \u00abSi yo, pues, os he lavado&nbsp; los pies, siendo vuestro Se\u00f1or y Maestro, tambi\u00e9n hab\u00e9is de lavaros vosotros los pies unos&nbsp; a otros\u00bb (13,14). Estas palabras no son una simple aplicaci\u00f3n moral del hecho dogm\u00e1tico,&nbsp; sino que pertenecen al centro cristol\u00f3gico mismo. El amor se recibe \u00fanicamente amando.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan el Evangelio de Juan, el amor fraterno se halla entra\u00f1ado en el amor trinitario. Este&nbsp; es el \u00abmandato nuevo, no en el sentido de un mandamiento exterior, sino como estructura&nbsp; \u00edntima de la esencia cristiana. En este contexto, no carece de inter\u00e9s poner de relieve que&nbsp; San Juan no habla nunca de un amor universal entre todos los hombres, sino \u00fanicamente&nbsp; del amor que ha de vivirse en el interior de la comunidad de los hermanos, es decir, de los&nbsp; bautizados.&nbsp;<a>Jn\/A-H<\/a>: No faltan te\u00f3logos modernos que critican esta posici\u00f3n de San Juan y&nbsp; hablan de una limitaci\u00f3n inaceptable del cristianismo, de una p\u00e9rdida de universalidad. Es&nbsp; cierto que existe aqu\u00ed un peligro y que se hace necesario acudir a textos complementarios,&nbsp; como la par\u00e1bola del samaritano y la del juicio final.&nbsp;<a>A-H\/C<\/a>:Pero, entendido en el&nbsp; contexto de todo el Nuevo Testamento, en su indivisible unidad, Juan expresa una verdad&nbsp; muy importante: el amor en abstracto nunca tendr\u00e1 fuerza en el mundo si no hunde sus&nbsp; ra\u00edces en comunidades concretas, construidas sobre el amor fraterno. La civilizaci\u00f3n del&nbsp; amor s\u00f3lo se construye partiendo de peque\u00f1as comunidades fraternas. Hay que empezar&nbsp; por lo concreto y singular para llegar a lo universal. La construcci\u00f3n de espacios de&nbsp; fraternidad no es hoy menos importante que en tiempos de San Juan o de San Benito. Con&nbsp; la fundaci\u00f3n de la fraternidad de los monjes, San Benito se nos revela como el verdadero&nbsp; arquitecto de la Europa cristiana; \u00e9l fue quien construy\u00f3 los modelos de la nueva ciudad,&nbsp; inspirados en la fraternidad de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo al Evangelio, podemos afirmar que el relato del lavatorio de los pies tiene un&nbsp; contenido muy concreto: la estructura sacramental implica la estructura eclesial, la&nbsp; estructura de la fraternidad. Esta estructura significa que los cristianos han de estar siempre&nbsp; dispuestos a hacerse esclavos los unos de los otros, y que \u00fanicamente de este modo&nbsp; podr\u00e1n realizar la revoluci\u00f3n cristiana y construir la nueva ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Quisiera a\u00f1adir a esta meditaci\u00f3n dos ex\u00e9gesis de San Agust\u00edn a prop\u00f3sito del lavatorio&nbsp; de los pies; con estas interpretaciones, el Obispo de Hipona explica la tensi\u00f3n de su vida&nbsp; entre contemplaci\u00f3n y servicio cotidiano.<\/p>\n\n\n\n<p>a) En una primera consideraci\u00f3n, san Agust\u00edn reflexiona sobre estas palabras del&nbsp; Se\u00f1or: \u00abUno que se ha ba\u00f1ado no necesita lavarse m\u00e1s que los pies, porque todo \u00e9l est\u00e1&nbsp; limpio\u00bb (<a>\/Jn\/13\/10<\/a>). El Santo se pregunta qu\u00e9 quiere decir: si uno se ha ba\u00f1ado, es decir,&nbsp; bautizado, todo \u00e9l est\u00e1 limpio; \u00bfpor qu\u00e9 y en qu\u00e9 sentido tiene necesidad de lavarse los&nbsp; pies? \u00bfQu\u00e9 puede significar este lavatorio de los pies, siempre necesario despu\u00e9s de&nbsp; haberse ba\u00f1ado, despu\u00e9s del bautismo? As\u00ed responde el Santo Doctor: sin duda, el&nbsp; bautismo nos ha limpiado enteramente, incluso los pies. Estamos \u00ablimpios\u00bb; pero, mientras&nbsp; vivimos aqu\u00ed abajo, nuestros pies pisan la tierra de este mundo. \u00abPues los mismos afectos&nbsp; humanos, sin los cuales no hay vida en esta nuestra condici\u00f3n mortal, son como los pies,&nbsp; con los cuales entramos en contacto con las realidades humanas; y estas realidades nos&nbsp; alcanzan de tal manera, que si dij\u00e9ramos que estamos libres de pecado nos enga\u00f1ar\u00edamos a&nbsp; nosotros mismos\u00bb (AUGUSTINUS, Tract. in Johan, LVI 4; C. Chr. XXXVI 468). Pero el Se\u00f1or&nbsp; est\u00e1 en presencia de Dios y, en virtud de su intercesi\u00f3n, nos lava los pies d\u00eda tras d\u00eda en el&nbsp; momento en que nuestros labios pronuncian la oraci\u00f3n: perdona nuestras deudas. Todos&nbsp; los d\u00edas, cuando rezamos el Padrenuestro, el Se\u00f1or se inclina hacia nosotros, toma una&nbsp; toalla y nos lava los pies.<\/p>\n\n\n\n<p>b) San Agust\u00edn reflexiona inmediatamente despu\u00e9s sobre otro texto de la Escritura,&nbsp; tomado del Cantar de los Cantares, en el que encuentra unos vers\u00edculos -a primera vista&nbsp; enigm\u00e1ticos, seg\u00fan \u00e9l- sobre el tema del lavatorio de los pies. En el&nbsp;<a>cap\u00edtulo 5<\/a>del Cantar&nbsp; hallamos la siguiente escena: la esposa se encuentra en el lecho y duerme, pero su coraz\u00f3n&nbsp; vela. De pronto, un rumor la despierta; el amado llama: \u00ab\u00a1Abreme, hermana m\u00eda!\u00bb La&nbsp; esposa se resiste: \u00abYa me he quitado la t\u00fanica. \u00bfC\u00f3mo volver a vestirme? Ya me he lavado&nbsp; los pies. \u00bfC\u00f3mo volver a ensuciarlos?\u00bb&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed comienza la reflexi\u00f3n del Santo Doctor. El amado que llama a la puerta de la esposa&nbsp; es Cristo, el Se\u00f1or. La esposa es la Iglesia, son las almas que aman al Se\u00f1or. Pero -dice&nbsp; San Agust\u00edn- \u00bfc\u00f3mo pueden ensuciarse los pies si salen al encuentro del Se\u00f1or, si van a&nbsp; abrirle la puerta? \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda ensuciarnos los pies el camino que conduce a Cristo, el&nbsp; camino que lava nuestros pies? Ante semejante paradoja, San Agust\u00edn descubre algo&nbsp; decisivo para su vida de pastor, para resolver el dilema entre su deseo de oraci\u00f3n, de&nbsp; silencio, de intimidad con Dios y las exigencias del trabajo administrativo, de las reuniones,&nbsp; de la vida pastoral. El obispo dice: la esposa que se resiste a abrir son los contemplativos&nbsp; que buscan el retiro perfecto, se apartan por completo del mundo y quieren vivir&nbsp; exclusivamente para la belleza de la verdad y de la fe, dejando que el mundo siga su&nbsp; camino. Pero llega Cristo, resuenan sus pasos, despierta al alma, llama a la puerta y dice:&nbsp; \u00abTu vives entregada a la contemplaci\u00f3n, pero me cierras la puerta. T\u00fa buscas la felicidad&nbsp; para unos pocos, mientras fuera crece la iniquidad y el amor de la multitud se enfr\u00eda&#8230;\u00bb&nbsp; Llama, pues, el Se\u00f1or para sacar de su reposo a los santos ociosos y grita: \u00abAperi mihi,&nbsp; aperi mihi et praedica me!\u00bb A decir verdad, cuando abrimos las puertas, cuando acudimos al&nbsp; trabajo apost\u00f3lico, nos ensuciamos inevitablemente los pies. Pero los ensuciamos por la&nbsp; causa de Cristo, porque aguarda fuera la multitud y no hay otro modo de llegar a ella que&nbsp; meti\u00e9ndonos en la inmundicia del mundo, en medio de la cual se encuentra (Ibid.. LVII. 2-6 p.&nbsp; 470ss)<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed interpreta San Agust\u00edn su propia situaci\u00f3n. Despu\u00e9s de la conversi\u00f3n quiso fundar un&nbsp; monasterio, abandonar definitivamente el mundo y vivir con sus amigos dedicado por entero&nbsp; a la verdad, a la contemplaci\u00f3n. Pero en el 391, cuando fue ordenado sacerdote en contra&nbsp; de sus deseos el Se\u00f1or vino a desbaratar este reposo, llam\u00f3 a su puerta y desde entonces&nbsp; no hab\u00eda d\u00eda que no llamara; no le dejaba en paz: \u00ab\u00a1Abreme y predica mi Nombre\u00bb. Agust\u00edn&nbsp; llegar\u00eda a comprender que esta llamada que escuchaba a diario era realmente la voz de&nbsp; Jes\u00fas, que Jes\u00fas le impulsaba a ponerse en contacto con las miserias de la gente (por aquel&nbsp; tiempo, el Santo Obispo hac\u00eda tambi\u00e9n las funciones de Khadi, de juez civil) y que, por&nbsp; parad\u00f3jico que esto pudiera resultar, era precisamente as\u00ed como caminaba hacia Jes\u00fas,&nbsp; como se acercaba al Se\u00f1or. \u00ab\u00a1Abreme y predica mi Nombre!\u00bb Ante la generosa respuesta&nbsp; de San Agust\u00edn sobra todo comentario: \u00abY he aqu\u00ed que me levanto y abro. \u00a1Oh Cristo, lava&nbsp; nuestros pies: perdona nuestras deudas, porque nuestro amor no se ha extinguido, porque&nbsp; tambi\u00e9n nosotros perdonamos a nuestros deudores! Cuando te escuchamos, exultan&nbsp; contigo en el cielo los huesos humillados. Pero cuando te predicamos, pisamos la tierra para&nbsp; abrirte paso; y, por ello, nos conturbamos si somos reprendidos, y si alabados, nos&nbsp; hinchamos de orgullo. Lava nuestros pies, que ya han sido purificados, pero que se han&nbsp; ensuciado al pisar los caminos de la tierra para abrirte la puerta (Ibid.. LVII, 6, p.472).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>JOSEPH RATZINGER<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este d\u00eda, en que celebramos la Instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda y del sacerdocio, vemos a Jes\u00fas que hace un gesto extra\u00f1o ante sus disc\u00edpulos. 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